CASA R+A para Rocío y Antonio
Historia del Proyecto: Cuando Rocío y Antonio llegaron a mi taller, traían un boceto dibujado a mano. No era un plano técnico, era una idea: lo que pensaban que podría funcionar en su terreno. Un terreno triangular de 200 m² en el Desierto de los Leones, al poniente de la Ciudad de México, con tres colindancias que no forman ningún ángulo recto.
Lo primero que me importó no fue el boceto, sino entender cómo viven hoy y cómo quieren vivir en el futuro. Rocío es maestra, tienen un hijo pequeño y saben que la familia podría crecer. También tenían claro algo que pocas familias se atreven a decir desde el principio: no iban a poder construir todo de una sola vez. Esa honestidad lo cambió todo.
Desierto de los Leones, CDMX
El terreno y el clima: El Desierto de los Leones es una zona boscosa y fría. Las mañanas son frescas casi todo el año y en invierno las temperaturas bajan considerablemente, así que la orientación solar no era un detalle opcional: era parte del diseño desde el primer trazo. Queríamos que las recámaras recibieran sol por las mañanas, lo que significa orientarlas hacia el sur. El problema es que la geometría triangular del terreno no te regala esa orientación, hay que ganársela.
La forma del terreno terminó por definir todo: la posición de los espacios, la entrada vehicular, el porche, y los jardines que se resuelven en los ángulos que de otra manera se hubieran desperdiciado. Nada sobró.
























La estrategia de fases: Diseñar por etapas no es una limitación, es una decisión inteligente. En este proyecto la primera fase es la recámara de planta baja, con baño completo y vestidor. Ese espacio funciona como un mini departamento desde el primer día: pueden cocinar con una parrilla y un tanque de gas, instalar una tarja temporal y usar el baño con normalidad. Ya supera con creces el cuarto pequeño donde los tres viven hoy.
Después vendrá el resto de la planta baja. Luego, la planta alta.
Por eso esta casa tiene algo poco común: dos recámaras con baño y vestidor completos, una en cada planta. No es un exceso de diseño. Es una respuesta honesta a cómo se va a vivir esta casa en el tiempo, incluyendo el largo plazo: cuando llegue la tercera edad, podrían regresar a la recámara de planta baja y no tener que subir y bajar escaleras para dormir.






Planta baja: El corazón social de la casa es un espacio abierto que integra estancia, comedor y cocina. Las vigas de madera expuestas dan escala y calidez sin necesidad de mucho más. Este espacio era especialmente importante para Rocío: vienen de un lugar pequeño y lo que más necesitaban era amplitud.
La estancia tiene chimenea real. Su ubicación no fue arbitraria: el tiro de la chimenea ayuda a calentar las recámaras de la planta alta, algo que consultamos directamente con un proveedor de chimeneas local. En planta baja hay tres áreas exteriores: la cochera con jardín, y el jardín interior que ilumina el porche ubicado entre la recámara y la zona social. Eso nos da ventilación cruzada por toda la planta, algo que en el clima del Desierto de los Leones se agradece en las temporadas de calor.
Planta alta: La planta alta es más privada. La recámara principal tiene acceso directo a una terraza que da al jardín interior, con una vista que en el render nocturno se llena de flores amarillas. Hay además dos recámaras secundarias con baños propios, una sala familiar, terraza común y un espacio de uso múltiple que puede ser lo que la familia necesite en cada etapa: estudio, zona de juegos, oficina. Con un hijo pequeño hoy, esas necesidades van a cambiar. La casa está pensada para eso.
Lo que este proyecto me dejó: Este proyecto no incluyó diseño de acabados ni de mobiliario, ese no era el alcance que Rocío y Antonio eligieron. Me pidieron algo más fundamental: un plano que funcionara, que creciera con ellos, y que respondiera a un terreno que la mayoría hubiera visto como un obstáculo. Están construyendo, literalmente, el espacio donde su familia va a crecer. Eso es lo que me gusta de este trabajo.

